¿Debemos hacer centros de internado para menores tutelados? Una reflexión de Toni Gili

Han sido los propios técnicos los que han sugerido centros de menores específicos y que recojan aquellos casos de menores conflictivos que difícilmente pueden ser tratados en pisos tutelados. Debemos ser claros y no andarnos con rodeos y florituras retóricas. De lo que estamos hablando es de centros de orden cerrado, centros de internamiento con la libertad de movimiento restringido. Y eso, en el caso de menores sólo es posible mediante una orden judicial. No se puede privar de libertad a un menor, no se puede evitar su salida de un centro sin una autorización judicial expresa. Es así nos guste o no.

Por desgracia, en el caso de menores conflictivos, tal vez sea esta la única forma en la que se pueda actuar para garantizar su propia seguridad y evitar caigan en redes de prostitución, en la protodelincuencia, en el abuso de droga, en todo eso que conlleva invariablemente el descenso a la marginalidad, a una condena y que inicia el camino a centros como Es Pinaret.

Si estos centros en los que se procura asistencia personalizada a cada joven deben existir o son convenientes es algo que debe ser evaluado por los propios técnicos del IMAS. Y no sólo eso, debe ser una decisión que sólo puede tomarse después de intercambiar opiniones y experiencias con profesionales de otras comunidades autónomas. Antes de poner en marcha los centros se debe estudiar su viabilidad ejecutiva y legal.

Es necesario hacer un apunte. Cuando hablamos de menores conflictivos, deberíamos definir que es lo que entendemos por “conflictivo”. Dado que desconocemos los diferentes motivos por los que se tutelan los niños del IMAS (no se nos ha facilitado esa información filtrada), entendemos que lo que llamamos “conflictividad” puede darse de varias maneras. Puede ser una conflictividad ligada a conductas delictivas y antisociales, a otras de carácter marginal, e incluso a un origen psiquiátrico. Y son estos últimos los casos que nos preocupan especialmente. Las personas con trastornos psiquiátricos son las más vulnerables ante la influencia perniciosa de los ambientes marginales. Y es en estos casos (de los que una vez más desconocemos su porcentaje entre los menores tutelados) en los que se imponen actuaciones específicas aún por determinar.