Jorge Campos desmonta la emergencia climática del “marxismo cultural”

Hoy día 27 de septiembre, somos víctimas de la gran estafa climática utilizada, una especie de nueva religión utilizada con pretensiones políticas. Como especialista en medio ambiente, cuando
estudié el máster, hace casi 20 años, ya se apuntaba lo que iba a suceder, pero no imaginaba entonces hasta dónde iba a llegar todo esto.

Desde VOX Baleares queremos dejar claro que nuestro partido defiende políticas de protección medioambiental reales y prácticas, tal como recoge nuestro programa electoral. “Hay que pedir a los gobiernos que adopten políticas de protección del medio ambiente compatibles con el conocimiento científico. En particular, es urgente combatir la contaminación donde ocurra”, parafraseando al informe científico que se firmó en Roma hace 3 meses. Tal como se recoge en dicho informe, debemos ser conscientes de que el dióxido de carbono en sí no es un contaminante. Por el contrario, es indispensable para la vida en nuestro planeta.

En las últimas décadas, se ha difundido la tesis de que el calentamiento de la superficie de la Tierra de alrededor de 0,9°C observado a partir de 1850 sería anómalo y causado exclusivamente por actividades humanas, en particular por la emisión de CO2 resultado del uso de combustibles fósiles en la atmósfera.

Esta es la tesis del calentamiento global antrópico promovido por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas, cuyas consecuencias serían modificaciones ambientales tan serias que temen enormes daños en un futuro inminente, a menos que sean adoptadas inmediatamente medidas de mitigación drásticas y costosas.

En este sentido, muchas naciones del mundo se han unido a programas para reducir las emisiones de dióxido de carbono y se ven presionadas a adoptar programas cada vez más exigentes de cuya implementación, dependería el control del clima y, por lo tanto, la «salvación» del planeta.

Sin embargo, el origen antrópico del calentamiento global es una hipótesis no probada, deducida solo de algunos modelos climáticos, que son programas informáticos complejos, llamados Modelos de Circulación General. Por el contrario, destaca la existencia de una variabilidad climática natural que los modelos no pueden reproducir. Esta variabilidad natural explica una parte sustancial del calentamiento global observado desde 1850. La responsabilidad antrópica del cambio climático observada en el siglo pasado es, por lo tanto, exagerada injustificadamente y las predicciones catastróficas no son realistas.

El clima es el sistema más complejo de nuestro planeta. Los modelos de simulación climática no reproducen la variabilidad natural observada del clima y, en particular, no reconstruyen los períodos cálidos de los últimos 10.000 años. Se repitieron aproximadamente cada mil años e incluyen el bien conocido Período Cálido Medieval, el Período Cálido Romano y, en general, los períodos cálidos durante el Holoceno.

Estos períodos del pasado también han sido más cálidos que el período actual, a pesar de que la concentración de CO2 era más baja que la actual, mientras que están relacionados con los ciclos milenarios de la actividad solar. Estos efectos no son reproducidos por los modelos.

El sistema climático aún no está suficientemente comprendido. Si bien es cierto que el CO2 es un gas de efecto invernadero, de acuerdo con el mismo IPCC, la sensibilidad del clima a su aumento en la atmósfera sigue siendo extremadamente incierta. Muchos estudios recientes basados en datos experimentales estiman que la sensibilidad del clima al CO2 es considerablemente más baja que la estimada por los modelos del IPCC.

Entonces, es científicamente irrealista atribuir a los humanos la responsabilidad del calentamiento observado desde el siglo pasado hasta nuestros días. Los pronósticos alarmistas no son creíbles, ya que se basan en modelos cuyos resultados contradicen los datos experimentales. Toda la evidencia sugiere que estos modelos sobrestiman la contribución antrópica y subestiman la variabilidad climática natural, especialmente la inducida por las oscilaciones del sol, la luna y el océano.

Por otra parte, los medios de comunicación con frecuencia difunden el mensaje de que, con respecto a la causa antrópica del cambio climático actual, habría un acuerdo casi unánime entre los científicos y que, por lo tanto, se cerraría el debate científico. La realidad es que existe una notable variedad de opiniones entre los especialistas: climatólogos, meteorólogos, geólogos, geofísicos, astrofísicos, muchos de los cuales reconocen una importante contribución natural al calentamiento global observada desde el período preindustrial e incluso desde la posguerra hasta hoy. De hecho ha habido peticiones firmadas por miles de científicos que han expresado su disconformidad con la conjetura del calentamiento global antrópico. Estos incluyen el promovido en 2007 por el físico F. Seitz, ex presidente de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, y el promovido por el Panel Internacional No Gubernamental sobre el Cambio Climático (NIPCC) cuyo informe de 2009 concluye que «La naturaleza, y no la actividad del hombre, rige el clima».
Por tanto, es una ilusión pretender gobernar el clima.

Consideramos que esta ecolocura en la que se han instalado todos los partidos políticos, excepto VOX, es una muestra más del marxismo cultural que va creando nuevas formas para acabar con el sistema de libre mercado capitalista, el sistema que más desarrollo y bienestar ha proporcionado a la Humanidad. Al no haber lucha de clases, el marxismo cultural utiliza la lucha de sexos con todo lo relacionado con la ideología de género y el apocalipsis climático por culpa del hombre, concretamente por un “modelo de producción inapropiado”, tal como afirma el manifiesto firmado en favor de la huelga climática por el sindicato UGT, ALIANZA POR EL CLIMA, REBELIÓN POR EL CLIMA Y EMERGENCIA CLIMÁTICA YA. Otro ejemplo de esta nueva mutación del comunismo de siempre lo tenemos en el lema del Sindicato de Estudiantes con motivo de la hecatombe climática: “El capitalismo mata el planeta”, afirman y deben difundir por las redes sociales a través de sus smartphones que les ha proporcionado este capitalismo.

Es el socialismo el que agita el catastrofismo y señala al capitalismo como causante del problema.
El socialismo, el que siempre nos deja en la miseria cuando gobierna.

El gobierno balear ha sucumbido a la neurosis climática, y se han subido al desquiciado carro de la huelga por el cambio climático y van a declarar el “estado de emergencia climática” en las Islas. VOX, por supuesto, votará en contra. Es probable que seamos los únicos, ya que los complejos de PP y Ciudadanos les impedirá salirse de la línea oficial sobre el clima.

Los paros convocados por los sindicatos separatistas STEI y UOB para este viernes en la escuela pública son ilegales pues la ley deja bien claro que una huelga debe obedecer a causas de origen laboral y aquí no las hay; además infringe el decreto de derechos y deberes de los alumnos. Han convertido la educación en una especie de cajón de sastre donde caben todas las reivindicaciones aunque no tengan nada que ver con la enseñanza. Pero no pasará nada porque en Baleares los profesores separatistas tienen barra libre para hacer lo que les dé la gana, ya sea adoctrinar en las escuelas o dejar a los niños desatendidos, como sucede en este caso.

Causa vergüenza ajena la utilización de una pobre niña con problemas como Greta Thunberg, explotada y maltratada por sus padres, que están ganando mucho dinero a su costa. La han desescolarizado, la pasean y exponen en medio mundo y la obligan a escenificar sus histriónicas comparecencias. Quien ha robado la infancia a la pobre Greta son sus padres y todos sus palmeros. No he visto a nadie que la defienda de lo que le están haciendo, es una menor a merced de los intereses de los adultos.

Si el gobierno balear está tan preocupado por el medio ambiente que dejen de engordar la BURBUJA CLIMÁTICA y trabajen en acabar con los vertidos fecales al mar, que limpien los bosques, que limpien los torrentes, que permitan la caza y pesca cigenética para evitar las plagas, que arreglen la red pública de agua que pierde por sus canalizaciones lo equivalente a llenar los embalses del Gorg Blau y Cuber tres veces al año.

Durante el tiempo que estuve al frente de la Oficina Calviá por el Clima trabajé para combatir la desforestación en Galatzó, se limpió el litoral (se retiraron ocho toneladas de residuos), se impusó en observatorio meteorológico, se hicieron franjas antiincendios en los bosques y se mejoró la eficiencia del alumbrado público, lo que redujo el consumo eléctrico el 23 por ciento y se ahorraron 325.000 euros al contribuyente. Eso son medidas reales.

Abandonen la nueva religión climática y planten un árbol. Eso es más efectivo.